La atracción y la repulsión de las masas

Por Ángel J. Barahona Plaza, el miércoles 11 de marzo de 2020.

Gustave le Bon y Elias Canetti decían que las masas experimentan una fuerza de atracción mimética prodigiosamente hipertrofiada por el aumento de los dos parámetros que la determinan: (1) la mimesis: hacer lo que otros hacen da seguridad; y (2) el aumento vertiginoso de la inversión de la distancia que separa a los sujetos. La noción de multitud se fundamenta en primer lugar sobre ese prodigioso acercamiento de los sujetos que los precipita pronto a los unos contra los otros y provoca41x6prdmorl una coalescencia de sus “individualidades”. La masa heterogénea y amorfa se transforma en homogénea y activa espontáneamente. El movimiento se comunica de unos a otros y todos se dirigen al lugar de mayor densidad mimética. Una vez que los parámetros del número y la distancia se empiezan a hipertrofiar, la atracción ejercida por la masa o la multitud aumenta de manera exponencial. (Jean Michel Oughourlian, en conversación con Trevor Cribben Merril, (2010) Psychopolitique, prefacio de René Girard, Paris: Ed. François Xavier de Guibert).

Los expertos entienden los fenómenos de masas en “pánico”, como sonambulismo colectivo contagioso, tal y como indica Dupuy (1999, El pánico, Barcelona: Gedisa, p. 41).

Miedo colectivo intenso, sentido simultáneamente por todos los individuos de una población, caracterizado por la regresión de las conciencias a un estadio arcaico, impulsivo y gregario, que se traduce en reacciones de desbandada de agitación desordenada, de violencia o de suicidio colectivo.

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Los individuos pueden tomarse los unos a los otros por modelos, lo mismo que por obstáculos o por rivales. El sonambulismo colectivo es la disolución del yo-del-deseo de cada sujeto, la pérdida de la racionalidad en favor de un comportamiento contagioso que parece amortizar el miedo haciendo lo que hacen todos. Desaparee la voluntad personal y aparece un sujeto plural…

Ese sujeto plural presionado, acorralado y sometido a estrés no puede controlar el comportamiento. Decía Canetti que cuando la masa sale, sale a matar. Imagino que estaba influenciado por las paradas militares nazis, pero el delirio no admite control racional. Ya están vecinos de las casas, grupos de compañeros en los trabajos, aumentado la tensión, la acusación y la culpa… si alguien pierde el control este se expandiera arrastrando a unos contra otros. La historia está llena de ejemplos de masas enfurecidas que asaltan supermercados, que arrasan a su paso lo que encuentran, que linchan al primero que pasa a su lado. No hace falta recurrir a hemeroteca para ver ese tipo de fenómenos recientes en Bolivia, Chile, India, Meca, etc. Nunca Girard será más pertinente aunque ya estamos acostumbrados a ello, porque fue la estrella en EEUU analizando el 11s, y en los sucesos de París. Pero hay que leer Achever Clausewitz. Aprovecho para anunciar que estamos a punto de sacar una nueva traducción de este libro profético que tendrá que ser revisado una y otra vez en el futuro porque clarifica estos pequeños apocalipsis de una forma inédita y lúcida, como nadie antes lo ha hecho. Y desde luego, su discípulo aventajado Dupuy, recomiendo en estos tiempos que corren su libro Pour un catastrophisme éclairé, Quand l’impossible est certain:

«Ha llegado el momento de reflexionar sobre el destino apocalíptico de la humanidad: de hecho, hemos adquirido la certeza de que la humanidad se ha vuelto capaz de destruirse a sí misma, ya sea directamente con armas de destrucción masiva o indirectamente alterando las condiciones necesarias para su supervivencia. Lo peor ya no está por venir, ya está sucediendo, y lo que consideramos imposible ahora es seguro. Y, sin embargo, nos negamos a creer en la realidad del peligro, incluso si vemos su presencia todos los días. Frente a esta situación sin precedentes, la teoría del riesgo ya no es suficiente: es la inevitabilidad del desastre y no su mera posibilidad de que ahora debemos enfrentar».

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O, COMO DECÍA René Girard en Achever Clausewitz (2010, p. 25) de otro modo:

«Al igual que Hölderlin, por mi parte, creo que sólo Cristo nos permite afrontar esta realidad sin volvernos locos. El apocalipsis no anuncia el fin del mundo; funda una esperanza. Aquel que vea de golpe la realidad no se queda en la desesperanza absoluta de lo impensable moderno, sino que recupera un mundo en el que las cosas tienen un sentido. La esperanza sólo es posible si nos atrevemos a pensar en los peligros del momento presente. Y a condición de oponerse a la vez a los nihilistas, para quienes no hay más que lenguaje, y a los «realistas», que niegan a la inteligencia la capacidad de tocar la verdad: los gobernantes, los banqueros, los militares que pretenden salvarnos, mientras nos sumergen cada día un poco más en la devastación».

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¡Qué Dios nos coja confesados como esto vaya a más!


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